Los Signos del zodiaco representan la totalidad de la energía universal. La evolución de la energía particular en cada una de sus fases está reflejada en el viaje del zodiaco, desde su nacimiento (Aries) hasta su disolución (Piscis).
Hablar de Signos es hablar de la energía arquetípica: crear, estabilizar, intercambiar; el guerrero, el filósofo, el diplomático; lo dinámico, lo estático, etc.
Cada persona está en sintonía con unas energías o Signos determinados más que con otros, aunque todos tenemos en esencia el mandala zodiacal entero.
Son los Planetas —nuestras funciones psíquicas y filtros de consciencia de la realidad— los que nos hacen identificarnos con Signos concretos, de tal forma que tomamos las características de esa energía arquetípica.
Los Signos más enfatizados en nuestra Carta natal hablan de nuestra disposición genética o hereditaria, nuestro carácter innato, nuestras necesidades y motivaciones interiores, nuestra forma de ser particular.
De nosotros depende el cómo manejamos esa energía. En nuestra voluntad reside el poder de tomar consciencia de nuestra energía, conocer sus conexiones (estructura de aspectos) e integrar nuestra particularidades o permanecer en un estado primario reprimiendo partes de nosotros…
Ver también los Ascendentes.